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Los ricos cultivaban aceitunas e higos en Israel hace 7.000 años

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Restos de un hogar de 7000 años de antigüedad en Tel Zaf. Foto del Prof. Yosef Garfinkel

Un equipo de investigadores identifica los primeros frutales cultivados a partir del carbón encontrado en antiguas chimeneas

Los investigadores han identificado algunos de los primeros ejemplos del mundo de nuestros antepasados cultivando fruta: restos de un olivo y una higuera de 7.000 años de antigüedad.

Dicen que deben haber sido plantados deliberadamente porque ninguno de los dos árboles crece de forma natural en el valle del Jordán, al sur de Israel.

El equipo de investigación, de la Universidad de Tel Aviv y la Universidad Hebrea, encontró restos de carbón vegetal en el valle, en Tel Zaf, un pueblo grande y rico del Calcolítico o la Edad del Cobre. Posteriormente se analizaron en el laboratorio.

Las aceitunas y los higos se consideraban frutos de lujo en aquella época, y sus habitantes hacían todo lo posible por cultivarlos.

“Los olivos crecen en estado salvaje en la tierra de Israel, pero no crecen en el valle del Jordán”, dijo Dafna Langgut, directora del Laboratorio de Arqueobotánica y Ambientes Antiguos de la Universidad de Tel Aviv, que dirigió el estudio.

“Esto significa que alguien las llevó allí intencionadamente, es decir, que se llevó los conocimientos y la propia planta a un lugar que está fuera de su hábitat natural. En arqueobotánica, esto se considera una prueba indiscutible de domesticación, lo que significa que tenemos aquí la evidencia más temprana de la domesticación del olivo en cualquier parte del mundo”.

Los científicos pueden identificar los restos de árboles y plantas al microscopio a partir de su estructura anatómica, incluso si se han quemado hasta convertirse en carbón. La madera era el material preferido en el mundo antiguo para la construcción, la fabricación de herramientas y muebles, y como fuente de energía.

Por ello, el análisis de los restos de una chimenea nos dice mucho sobre los tipos de árboles que crecían en el entorno natural de la época y, en este caso, sobre el momento en que los humanos empezaron a cultivar árboles frutales.

Los restos de árboles utilizados en el estudio fueron recogidos por el profesor Yosef Garfinkel, del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea, que dirigió la excavación en Tel Zaf. Los resultados se publicaron en la revista Scientific Reports.

“Dado que las arboledas de árboles frutales requieren una inversión inicial sustancial y luego viven durante mucho tiempo, tienen un gran significado económico y social en términos de propiedad de la tierra y de legado a las generaciones futuras, procedimientos que sugieren los inicios de una sociedad compleja”, dijo Langgut.

“Además, es muy posible que los habitantes de Tel Zaf comerciaran con productos derivados de los árboles frutales, como aceitunas, aceite de oliva e higos secos, que tienen una larga vida útil”.

“Tales productos pueden haber permitido el comercio a larga distancia que condujo a la acumulación de riqueza material, y posiblemente incluso a la tributación, pasos iniciales para convertir a los lugareños en una sociedad con una jerarquía socioeconómica apoyada por un sistema administrativo”.

Fuente: Noticias de Israel

Higos, objeto de culto y delicia terrestre

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Los higos son en realidad una flor, que florece hacia adentro y contiene alrededor de 1,500 flores diminutas. La higuera fue uno de los primeros árboles frutales que se cultivaron y ha sido objeto de culto en la literatura y la mitología, conoce aquí todo sobre este exquisito ingrediente.

Morder un higo maduro arrancado directamente de su árbol es un momento que nunca olvidarás, al llenar tu boca de dulzura. Son de las frutas más sensuales y, en el pico de su exuberante madurez, tienen una fragancia y textura incomparables. La higuera también tiene una historia interesante y, así como los olivos y la vid, celebra la esencia atemporal del Mediterráneo.

Desde tiempos inmemoriales
Es considerado uno de los alimentos de la Biblia. Se dice que crecían en el Jardín del Edén, y supuestamente, las hojas se usaron para cubrir la desnudez de Adán y Eva, lo cual significa que podría ser la primera prenda de vestir de la historia. En los Juegos Olímpicos de la antigüedad, los atletas eran coronados con estas hojas y comían el fruto durante su entrenamiento.Los romanos también honraban a la higuera, ya que creían que Rómulo y Remo habían sido amamantados debajo de una. También apreciaban los higos de Esmirna, en lo que hoy es Turquía, donde esta variedad, regordeta y dorada, todavía se cultiva.

Multicolor que enamora
Los higos rara vez se etiquetan por variedad. En cambio, se clasifican y se venden típicamente por color: blancos, verdes, negros y rojos/marrón, mientras que su carne puede ser de color rosa pálido, rojo intenso o cualquier tono cobrizo intermedio. Su estructura interna es compleja, como señaló Aristóteles en el siglo IV a. C. Botánicamente, cada higo es en realidad una flor, que florece hacia adentro y contiene alrededor de 1,500 flores diminutas.

Algunas variedades se autopolinizan, mientras que otras dependen de una relación simbiótica con las avispas de los higos. Si bien se encuentra con mayor frecuencia en el Mediterráneo, estos tipos de Ficus se observan en todo el mundo.

El higo italiano Dottato (o Kadota), de color amarillo verdoso, con pulpa ámbar rosado, es uno de los más cultivados. A menudo se enlatan con un almíbar espeso, y necesitan una cucharada de helado de vainilla, crema fresca o yogurt griego para atenuar su dulzura. Otra variedad de Italia llamada Verdone (o White Adriatic en Estados Unidos) tiene una piel de color verde claro y carne rosa, y es perfecto tanto para comer fresco como para hacer conservas.

Black Mission es un tipo famoso introducido en California en el siglo XVIII desde México a través de monjes franciscanos y misioneros españoles. Tiene una piel delgada de color negro- púrpura y una pulpa bastante tosca de color rosa cargada de diminutas semillas y un rico y dulce sabor. Cuando se deshidratan, adquieren una textura adictiva, húmeda y deliciosa. Brown Turkey, una variedad también reconocida, cuenta con una carne suave y roja, piel marrón púrpura y un sabor maravilloso.

Para comprender su verdadero valor romántico, hay que comerlos maduros, directo del árbol al amanecer, antes de que el sol los toque. Solo entonces es posible apreciar completamente la afirmación de la escritora Elizabeth David, quien dice que son «uno de los placeres más exquisitos del Mediterráneo”.

Texto: Clarissa Hyman y Andrea Cabrera
Foto: Zhu Jiabin/Unsplash
Fuente: Food and Travel México

Higos de Egipto, historia y futuro

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Los Higos de Egipto se cosechan de higuerales de las variedades  ‘Smyrna’, ‘San Pedro’ e ‘higo común’, muy cultivados desde épocas recientes en todo el territorio de clima mediterráneo. Anteriormente, en la época de Antiguo Egipto las higueras cultivadas fueron los sicómoro (Ficus sycomorus). ​Se cultivan principalmente para la producción del higo seco paso y otras aplicaciones, pero también se cosechan higos frescos.

Más del 50% del área total de la higuera se encuentra a lo largo de la costa noroeste del país, así como las gobernaciones del Sinaí. En general, estas áreas tienen un clima seco donde la precipitación promedio es de unos 120 mm anuales.

Historia
La higuera que tuvo una gran importancia en el Antiguo Egipto fue el sicómoro (Ficus sycomorus) El sicómoro empieza a mencionarse en épocas predinásticas en el Antiguo Egipto. En algunas ocasiones se menciona a Egipto como el «País de los sicomoros», y al árbol se le llamaba falsa higuera o higuera egipcia. Según Zohay y Hopf, los egipcios eran los únicos que cultivaban este árbol, muy fácil de reproducir mediante esquejes.

Debido a su madera incorruptible, los egipcios lo relacionaron rápidamente con la muerte y la resurrección; de ahí que se plantaran cerca de las tumbas y que los ataúdes se construyeran cuando era posible con su madera blanda y ligera. También se hacían amuletos con la forma de sus hojas.

Al principio, la tapa del ataúd se identificaba con la diosa del cielo Nut, aunque, con el tiempo, el árbol acabó identificándose también con Hathor y con Isis, las tres señoras del sicómoro.

Es normal encontrar representaciones en las que aparecen Hathor o Nut subidas a un sicómoro dando de comer o de beber al “ba” del difunto.

El ataúd de Osiris estaba construido con madera de sicomoro y recibía la sombra del mismo árbol. Ser enterrado en un ataúd de esa madera significaba ser acogido por el abrazo de la gran madre en forma de Isis, Hathor o Nut​.

Un jeroglífico muestra dos sicómoros iguales en el horizonte del este como las puertas del cielo por las que emerge cada día el sol, de ahí que también se le conozca como “El gran árbol de horizonte oriental”.

El sicomoro en la tradición cristiana
«El árbol de la Virgen» es un viejo sicomoro que se encuentra en el-Matariya, El Cairo, Egipto. La tradición recoge que en él la Virgen María descansó durante su huida a Egipto.

La higuera común (Ficus carica) parece haberse originado en el oeste de Asia, y se cultivó en Egipto desde tiempos antiguos. Su fruta a menudo servía como ofrendas, su madera, por otro lado, rara vez se usaba. Ha ido suplantando al sicómoro en Egipto y sobre todo a raíz de perderse por una plaga la avispa específica que fecunda al Ficus sycomorus. Actualmente quedan escasos ejemplares de sicómoros en Egipto.

En la década de 1940 fueron introducidos algunos cultivares de higo por el Ministerio de Agricultura. Seis variedades fueron introducidas desde Palestina, ‘Assali’, ‘Akhardi’, ‘Abiadi’, ‘Azraki’, ‘Amouri’ y ‘Ahmadi’, y cuatro variedades de Creta (‘Pyrgos’, ‘Lefkara’, ‘Vartika’ y ‘Vasanata’). Las variedades palestinas tenían un tamaño pequeño y mala calidad. Sin embargo, las variedades ‘Pyrgas’ y ‘Lefkara’ dieron un alto rendimiento con buena calidad en Sids, mientras que ‘Vartika’ y ‘Vasanata’ tuvieron éxito solamente a lo largo de la costa noroeste. El cultivar de higuera ‘Bol’ dio frutos de 60-65 g de peso y el cultivar ‘Puskende’ produjo frutos de 45 g de peso.

Dentro del ranking mundial de producción de higos, la producción de Egipto ocupa el segundo puesto detrás de Turquía, el mayor productor de higos del mundo con 305.450 toneladas, y Egipto con 167.622 tn.

Variedades de higueras en Egipto
La variedad ‘Sultani’ es la más ampliamente cultivada en el país. Esta variedad tiene varios sinónimos: ‘Fayoumi’, ‘Ramadi’, ‘Barshoumy’, ‘Sidi Gaber’ y ‘Hegazi’. Como tal, el cultivar de higos ‘Sultani’ podría considerarse la variedad estándar local. Otros cultivares locales como ‘Asuani’, ‘Kommathri’, ‘Adasi-Abiad’, ‘Adasi-Ahmer’, ‘Abboudi’ Y ‘Kahramani’ reciben mucha menos atención en comparación con ‘Sultani’. Todos estos cultivares producen frutos partenocárpicamente y sus higos se usan para el consumo en fresco. Por el contrario, la variedad ‘Sultani’ es la más ampliamente cultivada y se destina para la producción de higos secos, siendo utilizada en el procesamiento del higo (mermeladas, higos pasos, pastelería).

Fuente: Wikipedia

Las higueras de Siguas: reliquias que nutren

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Estos cultivos que datan de la época colonial han creado monumentos vivos que aún dan vida en un valle arqueológico del sur del Perú

El estudioso peruano del mundo de las higueras, además de escritor, fotógrafo y también agricultor, Christian Vera Poncela, ha publicado la crónica transmedia «Las higueras centenarias de Siguas» en la plataforma The Lexicon. El texto expone la historia de las higueras que tengo bajo su cuidado –adoptadas por un paisaje cultural arqueológico del Antiguo Perú hace 400 años– y se encuentra disponible en más de 70 idiomas. Aquí ofrecemos un resumen. Este es el link que incluye la publicación completa: https://www.thelexicon.org/reawakened/fig/.

Las higueras centenarias de Siguas –en el departamento de Arequipa y de origen hispano– tienen cuatro siglos y se encuentran rodeadas de un paisaje arqueológico en el sur de Perú. Su historia muestra una enigmática adaptación a un entorno singular, en donde culturas ancestrales encontraron un lugar para crear y vivir. En la actualidad, son un componente esencial del paisaje que las adoptó hace cientos de años. Esta historia retrata dicha coexistencia.

Las higueras de Siguas: reliquias que nutren
Este legado de más de 400 años se encuentra rodeado de un paisaje arqueológico del Antiguo Perú y se erige como un puente vivo entre América y Eurasia.

Con su fruto se elabora el chimbango y consiste en fermentar higos secos como si se elaborase una chicha, bebida muy tradicional en el Perú desde tiempos remotos. También se elabora el pan de higo, hijo del mestizaje mediterráneo, en donde se vislumbra el paso de griegos, egipcios, romanos, árabes y otomanos, quienes desarrollaron técnicas sofisticadas para conservar los higos y tener un alimento denso en nutrientes durante todo el año. Tales huellas del pasado se dejan ver en Siguas (Arequipa, Perú), en donde viven las higueras más antiguas del mundo en estado productivo.

El pasado
La biografía de las higueras es la biografía de la humanidad. Ninguna otra especie marcó a tantas religiones, leyendas, mitos y civilizaciones como estos árboles de origen asiático que se convirtieron en el sustento de tantos en diversas regiones mediterráneas y de Asia Menor. Desde las meriendas de los aguerridos espartanos hasta la cura del médico persa Ibn Sena, su estatus en el mundo antiguo alcanzó picos inusuales para el mundo moderno. Y razón no faltaba: allí en donde hubiese aridez, salinidad, insolación agresiva y carencia de agua, este árbol místico podía asomar con reciedumbre y proveer, a través de los higos, una balanceada suma de nutrientes para jolgorio –y a veces supervivencia– de ricos y pobres.

El destino de esta especie está lleno de historias de migración, viajes y adaptación a nuevos entornos. Por ello, quizás no deba sorprender que su manifestación productiva más antigua se encuentre en Siguas, un valle oculto de Arequipa, provincia del sur del Perú caracterizada por sus imponentes volcanes y un particular orgullo regional. Aquí, en este valle luminoso y árido, escenario de intercambios culturales desde hace milenios, estas higueras –introducidas a inicios de la colonia española– destacan por su grosor y carácter en medio de ruinas prehispánicas, petroglifos y geoglifos que, junto a ellas, componen un enigmático paisaje cultural y agrícola.

Los higos, de la variedad albacor, llegaron hace 400 años desde España –puede que hasta un poco más– y se encontraron con un paisaje cultural rico en intercambios culturales, tal como lo revela la evidencia hallada en Quilcapampa. Ya en el siglo XIX y buena parte del siglo XX, los higos secos constituían un elemento importante del sistema alimentario local junto con el vino, el trigo, la manteca de cerdo, las granadas y los pacayes.

Hoy
El presente de las higueras en Siguas se define por la resistencia. Los montes vienen desapareciendo para hacerle campo al ganado o por el desborde del río, su hábitat ahora se restringe a zonas de difícil acceso o acequias en donde no entorpecen el maniobrar de los tractores, las brevas se cosechan cuando cultivos más orientados a la agroindustria dejan algo de tiempo. La infravaloración de los higos es algo común, incluso en el Mediterráneo, en donde hasta hace unos años se los consideraba un cultivo poco rentable. Aún así, y sobre todo merced a sus redescubiertas propiedades nutricionales y su versatilidad gastronómica, los higos parecen recobrar algo del esplendor del pasado. Siguas no es la excepción.

En este valle, cuya imagen no difiere significativamente de la que tuvo hace 1400 años –a pesar de la pérdida de biodiversidad en las últimas cuatro décadas y la creciente amenaza de deslizamientos–, las higueras centenarias ya constituyen un componente esencial para nutrir, innovar y proyectar el pasado hacia el futuro con repercusiones que aún no podemos vislumbrar, pero que sin duda generarán nuevos interrogantes sobre las inesperadas rutas que puede tomar un alimento desde su origen en el tiempo. En este caso, resulta singular que un árbol euroasiático tenga en Siguas a su manifestación más antigua en estado productivo, al menos en este momento de la historia.

Texto y fotos: Christian Vera Poncela

La higuera es el primer árbol cultivado por el hombre

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Su cultivo comenzó en el Oriente Próximo hace 11.400 años

La agricultura es una de las actividades más antiguas del mundo y seguramente una de las más evolucionadas aún hoy en día. En todo el mundo se cultivan muchos tipos de plantas, como semillas, frutas y verduras, encabezadas por la caña de azúcar, el maíz y el trigo. Pero estas plantas no fueron las primeras en ser cultivadas por el hombre. Es la higuera la primera planta cultivada por el hombre.

Arqueobotánicos de la Universidad de Bar-Ilan en Israel realizaron un estudio conjunto con un arqueólogo de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, e hicieron un descubrimiento muy interesante. Descubrieron que las higueras eran el punto de partida para la agricultura. Este cultivo de higueras comenzó hace 11.400 años en el Oriente Próximo, unos 1.000 años antes que otros alimentos.

Los científicos investigaron las ruinas de una aldea neolítica cerca de Jericó en la Ribera Occidental y encontraron nueve pequeños higos carbonizados. Su carbonización preservó su «ADN» e hizo posible analizarlos con precisión. Luego hicieron una comparación entre estos higos carbonizados y los higos que cultivamos hoy en día, y vieron que el último era una mutación del primero.

Los higos más antiguos analizados pertenecen a un tipo de higos llamados partenocárpicos, es decir, sin semillas. Por lo tanto, se desarrollaron sin polinización, lo que significa que fueron cultivados por el hombre. «En una higuera silvestre, cuando el higo no es polinizado, cae. Y cuando los higos maduran sin polinización, significa que el árbol ha sido domesticado», dice Finn Kjellberg, director de investigación del CNRS en Montpellier.

Texto: Jeanne Gosselin
Fuente: Daily Geek Show
Ilustración: J.C.Florentino

Las históricas higueras de Eagle Street en Brisbane, Australia

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Las higueras de Eagle Street son un pequeño pero espectacular grupo de árboles que forman parte del patrimonio de la ciudad de Brisbane, Queensland (Australia). Fueron plantados hacia 1889 por Walter Hill. También se las conoce como Plantation Reserve. Fueron añadidas al Registro del Patrimonio de Queensland el 13 de mayo de 2004.

La pequeña reserva triangular en la intersección de las calles Eagle, Elizabeth y Creek fue concedida al Consejo Municipal de Brisbane por la Reina Victoria y firmada por el Gobernador de Queensland, Sir Henry Wylie Norman, el 16 de mayo de 1889. Fue entonces cuando Walter Hill -que fue nombrado primer superintendente del Jardín Botánico de Brisbane en 1855 y permaneció como una figura clave en la gestión de los Jardines hasta 1881- plantó las tres higueras que aún se encuentran en el sitio.

La conocida como Plantation Reserve es una isla triangular situada en la intersección de las calles Eagle, Elizabeth y Creek. El sitio, que consiste en una zona parcialmente pavimentada y ajardinada, está dominado por las enormes higueras que proporcionan un llamativo efecto visual en el recinto comercial de la zona de Eagle Street.

La Plantation Reserve consta de tres imponentes higueras, dos Higueras Blancas (Ficus virens) y una Higuera Banyan (Ficus benghalensis). Las ramas de la Higuera de Banyan se apoyan en raíces de apoyo que se desarrollan a partir de las raíces aéreas que se producen para recoger la humedad de la atmósfera. Las Higueras Blancas son más altas que la Banyan y tienen un follaje verde pálido que aparece primero como un tono de rosa o bronce. Esta especie se encuentra en forma natural en Queensland y en toda Asia tropical.

Hay dos placas de bronce interpretativas localizadas en el sitio. La primera de las placas de bronce está montada en un pequeño zócalo y contiene una inscripción grabada. La inscripción describe las características naturales del sitio tal como era en 1889, la historia del sitio antes de 1889 y el papel que desempeñó en las actividades comerciales de la zona. La segunda placa contiene un mapa que muestra el curso del arroyo que originalmente fluía por el sitio.

Estas higueras de la Plantation Reserve son importantes porque sobreviven como un remanente del desarrollo del área desde la primera mitad del siglo XIX. Situadas en un concurrido recinto comercial, las higueras de Eagle Street proporcionaban a los trabajadores un respiro de la agitada zona comercial del muelle. Las higueras han conservado esta función en su entorno actual.

Fuente: Wikipedia
Foto: Kgbo (Wikimedia Commons)

La antigua historia de los higos de las islas Canarias

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Llegaron a las islas hace 1.500 años y fueron un recurso indispensable en la alimentación de los antiguos canarios

Desde el siglo XVIII hay constancia documental de la presencia de los higos en los archivos de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife y Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife. También en el Archivo de Teguise en Lanzarote y en el Museo Canario en Gran Canaria.

Los profesores Jaime Gil, Antonio Javier González, Jacob Morales, José Perera y Neftalí Castro han estudiado esta presencia en el archipiélago. Sostienen que hay en las islas «semillas de higuera cuya antigüedad llega a superar en algunos casos los 1.500 años» encontradas «excepcionalmente» en «los dientes cariados de algunas momias que demuestran, sin lugar a dudas, su ingesta». «Los higos fueron un recurso indispensable dentro de la alimentación de los antiguos canarios», sostienen los investigadores.

Tras la Conquista, «los higos continuaron desempeñando un papel destacado en la subsistencia de los nuevos grupos humanos que se iban estableciendo en el Archipiélago» y que «se mantuvo prácticamente hasta el último tercio del siglo XX, quedó ampliamente registrada en multitud de documentos históricos y evidentemente en el paisaje rural».

Los investigadores señalan que en el caso de las «Breveras tarajales» surge en los documentos desde 1862 en Tenerife «aunque en La Gomera, el topónimo La Tarajana, que señala un lugar situado al suroeste de Chipude, aparece bajo distintas variantes en las fuentes documentales al menos desde el año 1803». A juicio de los profesores, hay «paralelos lingüísticos entre la voz tarajala y las denominaciones que supuestamente daban los aborígenes del Archipiélago a los frutos de la higuera y aquellas aún en uso en diferentes dialectos beréberes del norte de África».

Texto: Alfonso J. López
Fuente: ABC

Dioses y avispas. Una historia de las higueras

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Mike Shanahan, escritor y doctor en ecología, periodista preocupado por lo que la gente piensa acerca de la naturaleza y nuestro lugar en ella, y que también ha formado parte de las comisiones de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, ha publicado un apasionante libro en el que cuenta la historia de la higuera, ese árbol con tantas resonancias mitológicas, a lo largo de la historia de la humanidad.

Gods, Wasps and Stranglers: The Secret History and Redemptive Future of Fig Trees, Chelsea Green Publishing (2016), es un relato acerca de las higueras en la historia, haciendo especial hincapié en su larga relación con los humanos. Shanahan aporta la experiencia de décadas de trabajo de campo ecológico y un chispeante entusiasmo a un tema claramente cercano a su corazón. Contagia a sus lectores su entusiasmo por las higueras y lo que representan.

La higuera aparece en todas las historias de los orígenes de las culturas de todo el mundo. Las higueras han proporcionado alimento, refugio, medicamentos y materiales a los seres humanos desde que existen como tales. Los higos nos han acompañado desde hace casi 80 millones de años. Las higueras alimentaban a nuestros antepasados prehumanos, han influenciado diversas culturas y desempeñaron papeles clave en los albores de la civilización. Aparecen siempre en cada religión principal, ya sea junto a Adán y Eva, Krishna y Buda, o Jesús y Mahoma.

Estos árboles intrigaron a Aristóteles y sorprendieron a Alejandro Magno. Fueron fundamentales en la lucha de Kenia por la independencia y ayudaron a restaurar la vida después de la catastrófica erupción de Krakatoa. Los faraones de Egipto esperaban encontrarse con árboles de higuera en la otra vida y la reina Isabel II estaba durmiendo bajo una de ellas cuando subió al trono.

Además, debido a sus contribuciones como especie clave en los ecosistemas de todo el mundo, los higos han ayudado en los esfuerzos de reforestación y la mitigación del cambio climático. Han contribuido a la teoría de la evolución, el nacimiento de la agricultura y posiblemente el desarrollo humano de los pulgares oponibles. De esta manera, las higueras han afectado a la humanidad en formas profundas pero poco conocidas.

La historia de la higuera es inseparable de la de las avispas, numerosas especies de insectos pequeños que han evolucionado para emparejarse respectivamente en simbiosis con especies individuales de higo. Gracias a este acuerdo, los higos sostienen más especies de aves y mamíferos que cualquier otro árbol, haciéndolos vitales para las selvas tropicales. En un tiempo de caída de los árboles y el aumento de las temperaturas, su historia ofrece esperanza.

Mitología, biología y esperanza para el futuro se combinan en esta historia de la familia de las higueras, con su profunda relevancia ecológica. Una alegre historia mundial de celebración de la higuera y su benéfico impacto ecológico. Mike Shanahan ha escrito un apasionante libro: una historia sobre la relación de la humanidad con la naturaleza. La historia de las higueras se remonta a decenas de millones de años, pero, asegura el autor, es tan relevante para nuestro futuro como para nuestro pasado.

Gods, Wasps and Stranglers: The Secret History and Redemptive Future of Fig Trees
Mike Shanahan
Chelsea Green Publishing (2016)

Chelsea Green Publishing
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La fruta -en especial, la uva y el higo- era mucho más importante en la dieta medieval islámica que en la cristiana

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La fruta era una parte muy importante de la dieta medieval musulmana, mucho más que en las zonas cristianas del resto de la península ibérica, según un trabajo de investigación pionero en el campo de la arqueobotánica dirigido por la profesora Natàlia Alonso, del Grupo de Investigación Prehistórica (GIP) de la Universitat de Lleida (UdL).

En el marco de esta investigación, han analizado más de 595.000 restos de semillas y frutos recuperados en una decena de excavaciones de Madîna Lârida (Lleida), Madîna Balaguí (Pla de Almatà, Balaguer) y Madîna Turtûsa (Tortosa), que datan de los siglos X y XI.

Los resultados señalan que las prácticas agrícolas eran muy similares en los tres enclaves estudiados, en los que son especialmente abundantes los cereales -cebada y trigo-, las plantas oleaginosas -lino y camelina-, las frutas -sobre todo uva e higos-, y algunos condimentos -apio, hinojo y romero.

En cuanto a la fruta, en los asentamientos islámicos hay mucha variedad, pero con mayor intensidad se han hallado la uva y los higos. Estos se consumían tanto frescos como cocinados o secados. Incluso en tiempo de escasez se usaban las semillas para hacer harina y cocer pan de un alto valor nutricional.

Los resultados de estos yacimientos contrastan con los de las zonas cristianas ubicadas más al norte, donde sólo se han identificado la uva, el melocotón, la algarroba y la almendra.

Vía: La Razón