cabrahígos

Higos, brevas y cabrahígos: ¿en qué se diferencian?

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higos y brevas

Texto: Jordi Sabaté
Ilustración: J.C.Florentino
Fuente: eldiario.es

La expresión “de higos a brevas” se utiliza para referir a algo que sucede muy eventualmente, en periodos largos de tiempo. ¿Dónde está el origen de la misma? En el fruto, o mejor dicho los frutos, de la higuera. O, mejor dicho, de algunas higueras bíferas, es decir que tienen dos fructificaciones anuales y que no son todas las que podemos encontrar en España.

Las higueras bíferas son una variante genética de las higueras de una sola fructificación, que se encuentran mezcladas en el medio con sus pares sin que haya un motivo específico para distinguirlas; no han sido seleccionadas artificialmente por el hombre. En realidad también tienen una sola frutificación, en agosto y septiembre, que es cuando se producen los higos, pero además poseen una resistencia especial al frío que hace que los frutos tardíos, los últimos en salir cuando ya llega octubre, se queden en estado de hibernación -por decirlo de algún modo- en el árbol hasta la primavera siguiente.

Brevas

Al llegar los primeros calores de finales de mayo del año siguiente, el fruto hibernado se reactiva y se desarrolla para dar las brevas, que son la cosecha de principios de verano: los frutos grandes y carnosos, morados por fuera y rojos vivos por dentro que generalmente denominamos higos pero que no lo son. Las brevas son de piel más fina y quebradiza, poco lechosas y menos aromáticas aunque contienen mayor proporción de agua, ya que se han desarrollado en época primaveral.

Se recogen de junio a julio en función de cuándo haya llegado el calor y de los rigores del verano, e inmediatamente se comercializan, generalmente para consumo directo y en fresco, al tener menor concentración de azúcares, o para hacer mermeladas al ser más melosas. No obstante, su cosecha puede ser larga si el frio en el año anterior llegó pronto o en función de cómo evolucione el verano, por lo que incluso en agosto se pueden recoger en las regiones más frescas.

Higos

Pero la verdadera fructificación anual de las flores de las higueras -que en España suelen ser en su mayoría pies dioicos femeninos autofértiles, es decir que no necesitan polinización para fructificar- se produce en agosto y culmina en septiembre, ofreciendo el fruto ortodoxo que conocemos como higo y que no es el oscuro y rojo por dentro.

Al contrario, es otro más pequeño, ya que ha pasado por los rigores del verano, con una pluviometría mucho menor, blanco por fuera, con una piel más gruesa y que se rompe soltando un líquido lechoso que huele a higuera. Por lo tanto, el higo, más pequeño y reconcentrado, es más aromático que la breva y se puede utilizar para desecar, para mermeladas o para comer fresco. De hecho es más apreciado que su homóloga.

Los higos que no fructifiquen a tiempo y que sean sorprendidos por los primeros fríos, en el caso de encontrarnos ante una higuera bífera quedarán hibernando hasta el año que viene, en que al cabo de unos ocho meses darán las nuevas brevas. De ahí la expresión “de higos a brevas”, es decir de temporada en temporada.

De todas formas, podemos encontrar estos días en las cestas de las fruterías una mezcla de frutos morados y blancos, brevas e higos, ya que las últimas brevas traídas de las regiones más frescas pueden coincidir con los primeros higos de las más cálidas. En todo caso es muy muy poco probable que procedan del mismo árbol y el objetivo de la mezcla es puramente comercial, si bien a nivel nutricional sus propiedades son las mismas, con gran riqueza de fibra vegetal, azúcares y vitaminas A y C, así como de minerales como magnesio, potasio, calcio y fósforo.

Cabrahígos

Es posible que en algunos establecimientos, sus avispados propietarios nos ofrezcan frutos de higuera bajo un cartel que informa de que son “cabrahígos”. Si nos dicen que son un tercer fruto diferente a higos y brevas, no les creamos, aunque tengan parte de razón. Estos por ellos llamados ‘cabrahígos’, son frutos procedentes de higueras dioicas femeninas que no son autofértiles, es decir que precisan de un pie dioico masculino, conocido como cabrahigo, para polinizarse.

Aunque no son mayoritarias, tampoco son infrecuentes estas higueras, de la variedad esmirna, y se plantan con frecuencia junto a un pie masculino de modo que se pueda producir una polinización mediante insectos y una posterior frutificación. A nivel de consumidor, sin embargo, el fruto es un higo como cualquier otro, sin diferencias de textura o sabor.

¿Cuál es el origen de la palabra ‘cabrahígos’?

Para los más curiosos, el nombre de cabrahígo procede de que como no producen higos, los pies masculinos no eran domesticados por el hombre y se encontraban en estado salvaje en los bosques, donde había que ir a buscarlos si se deseaba polinizar una higuera femenina. Antiguamente se solía tomar los pies que creían en las grietas entre las rocas y en las paredes, porque eran los más fáciles de arrancar conservando buena parte de la raíz -al estar esta poco desarrollada- y, por tanto, aguantaban mejor el trasplantado. De ahí, de que vivían entre las rocas como las cabras, viene la palabra cabrahígo. Por otro lado, hay algunas higueras monóicas en estado salvaje que también se conocen como cabrahígos y dan unos frutos pequeños y nada comestibles en tres fructificaciones anuales.

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